jueves, 3 de mayo de 2007

Las oportunidades sobran

Los puertorriqueños solemos estar muy orgullosos de nuestro sistema educativo. Tenemos una de las tasas de alfabetización más alta en toda América. Todos nuestros niños tienen la oportunidad de asistir a una escuela pública; aún más tienen la oportunidad de hacer sus tareas en la escuela en horario extendido, de ir a una biblioteca, de participar de actividades fuera de la escuela y de desarrollar sus potencialidades al máximo.
Para los jóvenes que desean hacerse de un oficio existen escuelas vocacionales y colegios técnicos. Para los que muestran aptitud e inclinación para seguir estudios superiores tenemos un sistema de universidades que abarca toda la isla. Para aquellos que poseen la vena artística también la educación pública ofrece oportunidades como: las Escuelas Libre de Música, el Conservatorio de Música, la Escuela de Artes Plásticas, Ligas de Arte, Escuelas de Danza, Teatro; entre otras, aunque es lamentable que estas escuelas no estén en todos los pueblos de Puerto Rico. La mayoría de estas se encuentran en las principales ciudades como San Juan, Ponce, Bayamón, Carolina, Santurce y Arecibo; dejando a un lado los pueblos menos desarrollados.
El gobierno de Puerto Rico invierte más dinero por estudiante en nuestro sistema educativo que cualquier otro país latinoamericano. Es un dato que deberíamos considerar cada vez que hablamos de manera despectiva de nuestro sistema educativo, pero no todo es color de rosa; sabemos que por otro lado tenemos algunos problemas que resolver. Un problema serio que aguarda solución es el de los jóvenes que abandonan la escuela antes de terminar el nivel secundario. El porciento de desertores escolares en las escuelas intermedias y superiores cada año va en aumento y no se hace nada por detenerlo. Igualmente el embarazo en las adolescentes también va en aumento. No es menos importante las quejas de los patronos al momento de emplear los graduados de nuestras escuelas, se quejan de que no saben escribir bien el español o el inglés o de que no dominan las matemáticas.
¿Verdaderamente somos un país alfabetizado? Cuando nuestros jóvenes salen a la calle, ¿demuestran que han sido educados e instruídos? Necesitamos re-orientarnos, pienso que estamos perdiendo de vista la dirección de la educación en Puerto Rico. No necesitamos más cursos que enseñar, como afirma nuestro Secretario de Educación; lo que necesitamos es calidad en la enseñanza y retomar esos valores que nos hacen ser puertorriqueños. Nuestros jóvenes necesitan más y mejores servicios de consejería y una excelente orientación vocacional para que puedan dirigir su rumbo y por consiguiente el rumbo de nuestro país. Aún así las oportunidades sobran para que además de ser uno de los países más alfabetizados, también podamos ser uno de los países más educados.

jueves, 26 de abril de 2007

Estilos de Aprendizaje

El sistema educativo actual de Puerto Rico continuamente está en la búsqueda de mejorar la calidad de la enseñanza con el propósito primordial de desarrollar al máximo las potencialidades de los estudiantes. Lamentablemente rara vez se escucha hablar acerca de los estilos de aprendizaje y su impacto en el desempeño escolar de los estudiantes, lo cual es un aspecto indispensable en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
El término estilo de aprendizaje se refiere al hecho de que cuando se quiere aprender algo cada persona utiliza su propio método y tiende a desarrollar sus preferencias acerca de la manera de aprender. No es ninguna novedad que no todas las personas aprenden lo mismo ni a la misma velocidad. En cualquier grupo en el que más de dos personas empiecen a estudiar una materia todos juntos y partiendo del mismo nivel, se encontrará al cabo de muy poco tiempo con grandes diferencias en los conocimientos de cada miembro del grupo y eso a pesar del hecho de que aparentemente todos recibieron las mismas explicaciones e hicieron las mismas actividades y ejercicios. Cada miembro del grupo aprenderá de manera distinta, tendrá distintas dudas y avanzará más en unas áreas que en otras; a estas diferencias en la manera de aprender se les denominan: estilos de aprendizaje.
No es hasta la década de años setenta que se comienza a utilizar dicho término. Para unos los estilos de aprendizaje consisten en comportamientos diferentes que sirven como indicadores de cómo una persona aprende y se adapta al ambiente que le rodea, para otros son condiciones bajo las cuales se facilita aprender a un estudiante y surgen de inclinaciones innatas y naturales.
Como educadora siempre me he preguntado por qué al inicio del curso escolar además de una prueba diagnóstica de destrezas, no se le aplica a los estudiantes una prueba o un instrumento que determine su estilo de aprendizaje para que esto lo ayude en su desempeño escolar.
No cabe duda de que el proceso de aprendizaje depende en gran medida de la forma de ser y de las preferencias individuales de cada uno. El desempeño académico de los estudiantes desde décadas ha sido asociado a muchos factores: motivación, habilidad, retención, ambiente, comportamiento del cerebro, métodos de enseñanza, experiencias, conducta y muchos otros. La forma tradicional de enseñar puede que solo atienda a un estilo de aprendizaje o peor aún; a ninguno. El conocer sobre los estilos de aprendizaje ayudará a reflexionar sobre la función y la responsabilidad que tienen los educadores ante la necesidad apremiante de mejorar el proceso de enseñnza-aprendizaje y de conocer cómo los estudiantes aprenden para poder brindarles mayor ayuda, fortalecer la enseñanza educativa y diseñar estrategias de enseñanza a tono con el perfil del grupo.
No importa si eres activo, pasivo, descubridor, espontáneo, novedoso, aventurero, receptivo, observador, lógico, teórico, estructurado, visual, verbal, auditivo, intuitivo, espacial o si combinas la forma de aprender, lo importante es conocer las condiciones que facilitan el aprendizaje para mejorar día a día y alcanzar las metas propuestas; conociendo tu estilo de aprendizaje lo lograrás.

Evaluación o Calificación

Evaluación o Calificación

En los últimos tiempos hemos visto cómo el término evaluación dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje ha ido distorcionándose. Lamentablemente muchos educadores hemos confundido el proceso de evaluar y lo hemos convertido en el proceso de calificar, reduciendo el aprendizaje a un valor numérico o a una simple nota. El mismo sistema de educación ha llegado a entender de forma errónea que evaluar es calificar, otorgándole mayor importancia a medir un contenido que en la mayoría de los casos está obsoleto e inservible, dejando a un lado la formación de un individuo integral que analiza, comprende, interpreta, formula juicios de valor y adopta una posición ante su realidad. Un ser que pueda discernir entre lo bueno y lo malo y que pueda tomar sus decisiones usando su propio juicio y no el juicio de los demás.
El verdadero aprendizaje supone un cambio de actitudes y el reflejo de lo que somos. Supone una continua reflexión de nuestra vida; dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. Definitivamente las notas o las calificaciones solo sirven para informar a los padres, maestros y a la sociedad. Muchas veces los educadores las tomamos como indicadores fiables del rendimiento del estudiante, lo cual no necesariamente tiene validez. El uso de las notas hace referencia al aprendizaje inmediato, enfatiza el producto y no el proceso, no ayuda a la formación del carácter, le impregna una etiqueta al estudiante y peor aún; muchas veces se traduce en éxito o fracaso lo que lleva a este a una competencia que impide una verdadera formación personal.
Las notas responden a las necesidades de los padres y a las de una sociedad obsesionada con las pruebas para medir conocimiento e inteligencia.
Sin lugar a dudas, estas no ofrecen información de cómo aprende el estudiante y cuáles son las dificultades de este en el proceso de enseñanza-aprendizaje para poder encaminarlo a superarlas. El estudiante con las llamadas “lagunas” llega a la escuela superior y hasta la universidad sin tener las herramientas necesarias para cubrir dichas lagunas y poder superarlas.
En cambio la evaluación, aunque no es exacta implica recoger datos sobre la participación del estudiante, la predisposición para aprender, su posición ante la asignatura, el contenido, el grado, el profesor, la formación y desarrollo personal de este, así como su conducta, actitudes y hábitos. Su único fin es mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje para ayudar al estudiante a formarse como persona.
La evaluación debería ser un sistema de retrocomunicación durante el proceso de enseñanza-aprendizaje y no un sistema de otorgar letras para aprobar y fracasar o como sinónimo de examen o prueba. La evaluación debe informar al estudiante de sus logros, guiar la toma de decisiones, promover una igualdad en el sistema educativo y valorar capacidades, tanto del estudiante como del maestro.
Nunca debe ser un ejercicio de autoridad del poderoso frente al débil; por el contrario debería convertirse en una actividad esencialmente crítica, reflexiva y moral. Entonces yo me pregunto: ¿Por qué en nuestras escuelas hay estudiantes que fracasan? Un año junto a nosotros los maestros y no podemos ayudar a ese estudiante en sus limitaciones para que pueda ser promovido. ¿Será que la rutina diaria nos hace insensibles ante el fracaso de otros? o ¿Será que nuestro sistema de educación no promueve el deseo de aprender? ¿ Nos hemos convertido en evaluadores o en calificadores? En definitiva en nuestras manos está el conducir la evaluación de nuestros estudiantes hacia fines educativos y no calificativos; más si la educación en nuestro país es obligatoria, pienso que lo que realmente importa es ayudar en el desarrollo integral de nuestros niños y lo que menos importa es si aprueban o no aprueban una asignatura. En nuestras manos está el futuro de este país, aprendamos a evaluar y olvidemos el calificar.

Los insultos, el pan nuestro de cada día

Los insultos, el pan nuestro de cada día

El insulto sin lugar a dudas es en la actualidad un modo muy común, vulgar y lamentable de comunicarnos. A diario vemos y sentimos cómo el ser humano ha cambiado su forma de expresarse, ahora lo más práctico es insultar a aquel que tenemos próximo y en lugar de acercarnos nos alejamos más, convirtiéndonos en seres egoístas, incapaces de vivir en hermandad y en solidaridad. Sin buena comunicación no hay encuentros afectivos y sin encuentros afectivos no hay humanidad.
El ser humano no puede vivir sólo. Somos seres sociales y necesitamos vivir unos con otros, pero ¿podemos seguir comunicándonos con insultos? Pienso que no. Una de las cosas que tiene a nuestra sociedad enferma es la falta de tolerancia; ya nadie puede esperar su turno con paciencia, darle paso a otro en la carretera, actuar con amabilidad; por el contrario hay que insultar y ser desagradable porque todo el mundo lo hace.
Por otro lado me pregunto si será sensato o razonable insultar. El insultar nos priva de nuestro buen juicio y nos hace seres imprudentes a los cuales todo el mundo mira con malos ojos. El insulto nos lleva a la ira, al coraje y nos hace seres incapaces de razonar y de obrar bien.
Un sabio principio de la navegación dice: “no importa cómo soplan los vientos, sino cómo se ubiquen las velas.” Lo más importante ante el insulto no es el agravio recibido, sino cómo se responde ante él. No hay ofensa hasta que el que recibe el insulto no lo valore como tal. Por ende, el insulto no ofende ni irrita, es uno el que se ofende ante el agravio. No hay palabras hirientes. Hay personas que se sienten heridas ante esas palabras.
Cuenta una leyenda que un par de jóvenes hicieron una apuesta para ver quién era capaz de decirle a la reina que era coja. La apuesta fue ganada por uno que se presentó ante la reina y portando dos flores, le dijo: “Su majestad en mis manos traigo una rosa blanca y una rosa roja. Entre ellas, usted es-coja.” Importa más la valoración de la persona insultada que la del insultante.
Toda persona que insulta lo hace porque se ha sentido herida, maltratada, despreciada o injuriada. El insulto es una forma errada de intentar poner las cosas en su lugar. Un intento fallido de hacer justicia, un intento de venganza o simplemente una falta de cordura y si a ello se responde de la misma manera; como diría mi querido esposo: “un ciego no puede guiar a otro ciego.” No nos dejemos gobernar por la ira, ante el insulto:
- actúa con sensatez y serenidad
- ignora
- no te dejes dominar por los impulsos
- sé prudente
- haz de lo malo, algo bueno
- mira al insultante con ojos de caridad y piedad
- toma distancia
- la violencia solo engendra violencia
- detente
- tómalo con sentido del humor
- haz lo que el insultante no espera que hagas
- que brote en ti, la templanza
- practica la humildad
Finalmente un viejo proverbio chino del cual desconozco el autor nos dice:

Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la vista.
Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría.
Cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor.

Tratemos de echar a un lado los insultos y practiquemos la justicia y el amor al prójimo. ¡Se puede!

jueves, 19 de abril de 2007

El Sermón de la Montaña

El Sermón de la Montaña

Para muchos el Sermón de la Montaña contiene las disciplinas principales del cristianismo. Todo lo que un verdadero cristiano debería hacer en su diario vivir está claramente explicado en el Sermón de la Montaña. Cuenta la tradición que este se desarrolló en la ladera de una montaña y de ahí viene su nombre.
Este gran discurso de Jesús comprende: las Bienaventuranzas, en donde Jesús nos dice:
- Dichosos los pobres y humildes de corazón, porque de ellos será el Reino de los Cielos
- Dichosos los mansos, porque ellos poseerán la tierra
- Dichosos los que lloran, porque serán consolados
- Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados
- Dichosos los limpios de corazón, los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios
- Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan y los persigan
También contiene el Padrenuestro, la forma de orar que Jesús manda, la oración por excelencia; así como la ley opuesta al “ojo por ojo, diente por diente”:
Ama a tus enemigos, si alguno te hiere en la mejilla derecha, presenta también la otra, haced el bien a los que te aborrecen y rogad por los que te persiguen y te calumnian.
Por otro lado el Sermón de la Montaña trata los temas de la limosna, la oración y el ayuno. En él se condena a quienes practican estos actos para obtener aprobación de la gente, no realizándolos por una actitud real, de corazón. Se condena el materialismo y la religiosidad hipócrita.
Finalmente Jesús en este sermón nos aconseja acerca del gran error de enjuiciar a los demás antes de juzgarse uno mismo, nos dá su propia versión de la llamada “Regla de Oro” :
- No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti
- No mires la paja en el ojo de tú hermano sin ver antes la viga en el tuyo
- Practica la caridad con tus hermanos
- No hagas ostentación de tus buenas obras, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha
- Que tu limosna sea en oculto, tu Padre que vé lo oculto te premiará
- Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura
- No puedes servir a Dios y al dinero
- No atesoréis tesoros en la tierra, donde el moho y la polilla los consume, atesorad tesoros en el cielo
- Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; dice el Señor tu Dios
- Ora a tu Padre en secreto
- Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso es el camino que conduce a la perdición
- No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad del Padre
- Venid a mí los que estáis cansados y agobiados que yo los aliviaré
- Ten cuidado con los falsos profetas, son lobos con piel de ovejas
- Por tus frutos te conocerán
Jesús culmina el sermón diciendo: quien quiera seguir estas palabras construirá sobre roca firme y sobrevivirá, quien no lo haga, construye en arena y será destruido. Qué fuerte suenan estas palabras para nosotros quienes vivimos en un mundo tan lleno de maldad y de pecado. Verdaderamente son pocos los que entrarán por ese camino estrecho. Si le enseñáramos a nuestros hijos estas reglas de oro, además de las reglas del mundo; todo sería diferente. Intentémoslo, aquí está el secreto de la paz y de la felicidad que tanto anhelamos.

jueves, 29 de marzo de 2007

Agonía

La agonía la podemos definir como la ausencia de bienestar. Cuando estamos en agonía es porque hay un sufrimiento físico o espiritual. El ser humano por su propia `naturaleza rechaza la agonía, el sufrimiento, la muerte y el dolor. No nos gusta sentirnos mal. Siempre queremos estar alegres y sonrientes, pero la vida no es color de rosa.
Hay momentos buenos y hay momentos malos. Hay días de gloria, pero también hay días de agonía. En la actualidad hay tantas cosas que nos causan agonía: la criminalidad, la falta de valores, la falta de fe, la alta incidencia en los divorcios, el maltrato infantil, el futuro de nuestros hijos, el deterioro de la familia, las enfermedades y hasta la muerte para muchos. Jesús vino a este mundo a enseñarnos el camino al Reino de Dios, pero también sufrió y pasó por muchas agonías. Desde ver a su pueblo adorando otros dioses, ver a uno de los suyos negarlo, a otro entregarlo por unas monedas y sufrir la agonía del calvario hasta morir en la cruz. Ninguno de nosotros sufrirá como lo hizo Él.
Las agonías y sufrimientos nos purifican, nos hacen estar más cerca de Dios. En una enfermedad prolongada a veces de manera egoísta pensamos que es mejor que ese ser humano muera, porque somos débiles ante el dolor; pero precisamente esa enfermedad, ese dolor podría ser la salvación de su alma. No estamos acostumbrados a padecer. Vivimos en la opulencia y en ocasiones nos convertimos en seres insensibles e inmunes ante el dolor ajeno. Cuántos de nosotros vemos por televisión un asesinato y ni siquiera sentimos tristeza por esa vida que se ha ido. A diario vemos en nuestro Puerto Rico tanta violencia y no nos inmutamos ante esa despreciable realidad. La agonía es parte de nuestra vida, es parte de nuestra naturaleza misma. No conoceríamos la felicidad, si no pasáramos por la tristeza.
Poco nos agrada hablar de la muerte, pero no creo que exista mayor agonía que ver sufrir a un ser querido sin poder hacer nada para prolongar su vida. Muchas veces los médicos nos ponen a elegir entre la alternativa de una muerte rápida, pero en lo posible confortable o vivir un poco más, prolongando así el período de agonía, aumentando la tristeza de los familiares y jugando a ser dioses.
A pesar de todo esto nos aferramos a la existencia de alguna oportunidad de vida, esperanzados en los milagros porque vuelvo y repito: ¡qué débiles somos ante el dolor! Por otro lado comenzamos a cuestionarnos cosas de orden moral y religioso. ¿Tenemos la potestad para decidir la vida o la muerte de una persona? ¿Dejamos todo en las manos de Dios o en las manos de la ciencia? La agonía muchas veces precede a la muerte, pero también muchas veces precede a la vida. Pasar por momentos de agonía nos fortalece y nos llena de sabiduría.
Jesús en su mayor agonía le dijo al Padre: “Perdónalos porque no saben lo que hacen.” Qué mayor enseñanza que esta. A veces los momentos de agonía nos hacen perder el control de nuestra vida y sentimos que las decisiones que tomamos no son las correctas, pero de los errores se aprende; luego de la tempestad llega la calma y podemos ver las cosas con mayor objetividad. Aunque todos sabemos que no es fácil porque nuestras emociones en ocasiones nos engañan, pero al pasar el tiempo vemos que esa agonía por la que estamos pasando tiene su razón de ser.
Dios en su infinita bondad nos dá las herramientas para sobrellevarlo todo, lo que pasa es que a veces estamos sordos y ciegos para cumplir su voluntad. Dios siempre quiere para sus hijos lo mejor y cuando vé que hay algo que nos afecta lo aparta de nosotros. Posiblemente en ese momento pensamos: ¿por qué a mí?, pero más tarde nos damos cuenta que el plan divino es perfecto e infalible. La agonía también nos trae soledad como alivio a algo que no podemos tolerar. Nos sentimos confusos, enojados y encerrados en nosotros mismos porque no nos preparamos para los momentos difíciles. No existe un libro de recetas que nos diga qué hacer en la agonía y mucho menos qué hacer ante la muerte.
No nos capacitamos para aceptar el dolor o el sufrimiento. Sin embargo, qué profunda sensación de paz sentimos cuando hablamos de los problemas que nos aquejan, cuando aclaramos antiguos rencores o cuando simplemente reconocemos nuestras limitaciones. Se requiere de muchas dosis de calma para enfrentar nuestras agonías. Agárrate de Jesús y verás qué fácil será.

jueves, 22 de marzo de 2007

Silverio Pérez

Silverio Pérez es una figura destacada de Puerto Rico y un ejemplo a seguir para aquellos que se pasan la vida afirmando que no se puede. Nace en Guaynabo, Puerto Rico, hijo de una familia numerosa y pobre. Se crió en un barrio y de niño estuvo en contacto con el mundo campesino; desarrollando así su inmenso amor por la música autóctona de Puerto Rico.
Su creatividad, sencillez y su agudo sentido del humor, unidos a una profunda convicción por sus valores y principios lo han convertido en una de las personalidades más reconocidas y respetadas de Puerto Rico.
Graduado de Ingeniería Química de la Universidad de Puerto Rico; aunque no me explico de qué le sirvieron sus estudios porque hoy en día se dedica a hacer reír a las personas y a disfrutar de la plenitud de la vida. Su extraordinario talento ha quedado demostrado en exitosos proyectos como:"Haciendo Punto en Otro Son"; un grupo musical fundado por él, "Los Rayos Gamma" que junto a Jacobo Morales, Sunshine Logroño y Horacio Olivo de forma humorística le sacan punta a todas las controversias políticas que se viven en Puerto Rico.
Lejos de los Rayos Gamma, su chispeante humor y su sentido de observación lo han mantenido activo en la televisión puertorriqueña a través de programas como:"En Serio con Silverio", "Qué es lo que pasa aquí, ah? y "Anda pa'l cará". Junto a José Nogueras creó el primer programa radial de la trova titulado:"Canto Libre". Fue anfitrión del programa "Borinquen canta" y ha encabezado numerosos programas de radio, como:"Arranca en fá" y otros. Además labora como conferenciante del buen humor y la autoayuda; trabajo que lo llevó a publicar su primer libro titulado:"Humortivación" y actualmente presentó su nuevo libro:"El humor nuestro de cada día:Las tres tristes tribus"; en donde toca el tema de la política en Puerto Rico y la falta de alianza entre los tres partidos principales, lo cual según él nos ha llevado al estancamiento y al tribalismo.
Además de todo esto Silverio Pérez escribe semanalmente para el periódico:"El Nuevo Día" y entre otras cosas cultiva el género de la décima puertorriqueña. Durante los últimos años ha estado trabajando otro libro titulado:"El Dinosaurio"; el cual me encantaría leer ya que es una mezcla de humor y psicología. Silverio Pérez en este libro le llama a esa parte irracional del ser humano,"el dinosaurio" que hay que domesticar. Éste describe los distintos tipos de dinosaurios que tenemos dentro. Por ejemplo: el "broncasaurio" este es el tipo de persona que dondequiera que hay algo trata de buscar el conflicto; por otra parte está el "zanganosaurio"; estos son los que no les gusta pelear y dejan que les pasen por encima y así otros tanto que son parte de nuestra personalidad. ¡Me encantaría saber cuál soy yo!
En este libro Silverio Pérez destaca que hay una parte de la personalidad que aflora cuando hay momentos de confictos. Si la persona cobra conciencia sobre esa parte, puede enfrentarse a las dificultades de la vida de una forma mejor. El éxito o el fracaso de nosotros está totalmente vinculado con el manejo de las emociones y cómo nos enfrentamos a las adversidades, no importa la profesión que hayamos estudiado ni el grado de inteligencia que tengamos.
Una de las huellas inborrables de Silverio Pérez lo son algunas de sus composiciones como: "La familia es", "A mano pelá", "La vida campesina" y una de las más conocida:"Ensillando mi caballo"; canciones de la música popular puertorriqueña que nunca pasarán de moda.
Silverio Pérez, un prodigio de Puerto Rico.