Evaluación o Calificación
En los últimos tiempos hemos visto cómo el término evaluación dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje ha ido distorcionándose. Lamentablemente muchos educadores hemos confundido el proceso de evaluar y lo hemos convertido en el proceso de calificar, reduciendo el aprendizaje a un valor numérico o a una simple nota. El mismo sistema de educación ha llegado a entender de forma errónea que evaluar es calificar, otorgándole mayor importancia a medir un contenido que en la mayoría de los casos está obsoleto e inservible, dejando a un lado la formación de un individuo integral que analiza, comprende, interpreta, formula juicios de valor y adopta una posición ante su realidad. Un ser que pueda discernir entre lo bueno y lo malo y que pueda tomar sus decisiones usando su propio juicio y no el juicio de los demás.
El verdadero aprendizaje supone un cambio de actitudes y el reflejo de lo que somos. Supone una continua reflexión de nuestra vida; dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. Definitivamente las notas o las calificaciones solo sirven para informar a los padres, maestros y a la sociedad. Muchas veces los educadores las tomamos como indicadores fiables del rendimiento del estudiante, lo cual no necesariamente tiene validez. El uso de las notas hace referencia al aprendizaje inmediato, enfatiza el producto y no el proceso, no ayuda a la formación del carácter, le impregna una etiqueta al estudiante y peor aún; muchas veces se traduce en éxito o fracaso lo que lleva a este a una competencia que impide una verdadera formación personal.
Las notas responden a las necesidades de los padres y a las de una sociedad obsesionada con las pruebas para medir conocimiento e inteligencia.
Sin lugar a dudas, estas no ofrecen información de cómo aprende el estudiante y cuáles son las dificultades de este en el proceso de enseñanza-aprendizaje para poder encaminarlo a superarlas. El estudiante con las llamadas “lagunas” llega a la escuela superior y hasta la universidad sin tener las herramientas necesarias para cubrir dichas lagunas y poder superarlas.
En cambio la evaluación, aunque no es exacta implica recoger datos sobre la participación del estudiante, la predisposición para aprender, su posición ante la asignatura, el contenido, el grado, el profesor, la formación y desarrollo personal de este, así como su conducta, actitudes y hábitos. Su único fin es mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje para ayudar al estudiante a formarse como persona.
La evaluación debería ser un sistema de retrocomunicación durante el proceso de enseñanza-aprendizaje y no un sistema de otorgar letras para aprobar y fracasar o como sinónimo de examen o prueba. La evaluación debe informar al estudiante de sus logros, guiar la toma de decisiones, promover una igualdad en el sistema educativo y valorar capacidades, tanto del estudiante como del maestro.
Nunca debe ser un ejercicio de autoridad del poderoso frente al débil; por el contrario debería convertirse en una actividad esencialmente crítica, reflexiva y moral. Entonces yo me pregunto: ¿Por qué en nuestras escuelas hay estudiantes que fracasan? Un año junto a nosotros los maestros y no podemos ayudar a ese estudiante en sus limitaciones para que pueda ser promovido. ¿Será que la rutina diaria nos hace insensibles ante el fracaso de otros? o ¿Será que nuestro sistema de educación no promueve el deseo de aprender? ¿ Nos hemos convertido en evaluadores o en calificadores? En definitiva en nuestras manos está el conducir la evaluación de nuestros estudiantes hacia fines educativos y no calificativos; más si la educación en nuestro país es obligatoria, pienso que lo que realmente importa es ayudar en el desarrollo integral de nuestros niños y lo que menos importa es si aprueban o no aprueban una asignatura. En nuestras manos está el futuro de este país, aprendamos a evaluar y olvidemos el calificar.
jueves, 26 de abril de 2007
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10 comentarios:
Saludos María:
Como se puede apreciar tu tema es un punto de debate que no está en las manos del maestro completamente el determinar el futuro del estudiante si aprueba o no aprueba el grado. Nuestro Sistema de Educación siempre se ha regido por estos parámetros de otorgar notas a los alumnos de acuerdo al trabajo que éstos realizan. El desarrollo integral del estudiante es el propósito principal de la escuela. El estudiante se debe desarrollar física, emocional, moral e intelectualmente. Los aspectos físico, moral y emocional, los va a demostrar en su diario vivir y son observables. Por otro lado, el aspecto intelectual lo tiene que evidenciar de otra manera. Los instrumentos que el Departamento ha proveído para este propósito son los exámenes y últimamente las técnicas de assessment. El aprendiz debe demostrar su grado de conocimiento aprobando los instrumentos que el maestro utiliza para medir ese grado de conocimiento. La evaluación es un tema de difícil solución y de difícil acuerdos, pero indudablemente nos compromete diariamente en los desafíos similares de esta hermosa tarea de educar. Siendo la educación una práctica social y la evaluación uno de sus principales actos que se lleva a cabo en las instituciones educativas, debemos abordarla desde distintos aspectos: ideológicos, sociales, pedagógicos, psicológicos y técnicos. Porque evaluar es valorar, tiene connotaciones ideológicas ya que tiene que ver con concepciones históricas – sociales que predominan en el contexto que sin duda la condiciona. Tiene connotación social porque se relaciona con la promoción, con el fracaso escolar, con el éxito, con la deserción, donde el proceso de enseñanza y aprendizaje de desarrollan en un clima donde la ambigüedad, el caos, el desorden, los conflictos, están presentes y formando parte de las instituciones escolares. Tiene connotación pedagógica porque tiene peso en la conducta de los diferentes actores sociales involucrados en el currículo. No obstante, la calificación es utilizada por la Psicología Conductista, para la cual la única forma de conocer lo aprendido por los alumnos es midiendo conductas observables; partiendo del método experimental, que le da la posibilidad de "medir" el aprendizaje recortándolo arbitrariamente y concibiéndolo como cambios más o menos permanentes en la conducta del alumno. De este modo se privilegia lo superficial y aparente en desmedro del mismo proceso de aprender ya que se reduce el problema de conocimiento al ámbito fenomenológico, utilizando el dato cuantificado como técnica de verificación. Se excluye aquí, tanto la relación sujeto-objeto en el acto de conocer y sus mediaciones, como también, la riqueza que existe entre observador y observado en toda acción evaluadora.
Maria:
La evaluación, tal como hemos visto, forma parte de un proceso continuo, que sólo es segregable desde una perspectiva metodológica. La evaluación, por lo tanto, es el conjunto mayor del que puede emerger la calificación. Ésta es la transformación de los criterios cualitativos en criterios cuantitativos. La cuantificación se puede expresar en notas , en conceptos , en escalas de puntajes, en porcentajes , o en cualquier otra escala de medición que signifique ordenacion jerarquica de los resultados, que pueden ser interpretados de modo ascendente o descendente, es decir, hacia arriba o hacia abajo en la escala de medición.
La evaluación, es decir la valoración del proceso de enseñanza- aprendizaje, debe ser considerada en el mismo momento en que se establecen los elementos del proceso. En el momento mismo en que determinamos lo que queremos enseñar y lo que queremos que aprendan los alumnos debemos plantearnos cómo comprobaremos que se consiguen los objetivos establecidos. En el caso de que no se consigan, la evaluación debe servir para replantearse la programación del período de que tratamos, especialmente en el sentido de ajustar mejor la intervención, la ayuda, que el profesor ha de facilitar a los alumnos considerados individualmente y como miembros de un grupo. Podemos decir, pues, que cuando determinamos los objetivos didácticos de un período de enseñanza-aprendizaje, los contenidos conceptuales, procedimentales y de actitudes, valores y normas, las actividades de enseñanza-aprendizaje, debemos determinar también las actividades de evaluación .
Respondemos a un sistema educativo que no tiene visión. Un sistema que se ha mantenido durante años hablando de constructivismo y nos obliga a mantenernos casi un 70% en el método tradicional. Cuando hablo de un 70 % me refiero a que la carta de evaluación nos indica que ese es el porciento que debemos destinar para exámenes al evaluar al estudiante anualmente y nos limita a utilizar el “avaluó” a un 30 %. Por lo que respondiendo a tu pregunta somos calificadores y no evaluadores.
Según algunos especialistas en el diseño curricular, la evaluación es el elemento mas olvidado. Entre las razones que exponen encontramos que el sistema educativo se ha dedicado a calificar y no evaluar. La evaluación es un proceso continuo que comienza desde que el estudiante se expone al conocimiento hasta que se determina los logros alcanzados y se procede a continuar con nuevos conceptos, estos a su vez pasan nuevamente por un proceso de evaluación. De acuerdo con lo antes expuesto la evaluación es un proceso cíclico de nunca acabar. Debemos evaluar constantemente para saber que aprenden los estudiantes y como lo aprenden, de ello depende el éxito escolar del alumno y la satisfacción personal del educando.
Gardner se ha esforzado por que los educadores entiendan que no todos los alumnos son buenos en la inteligencia verbal/lingüística, pero muchos no lo han comprendido, comenzando por los secretarios de educación que hemos tenido. Hay estudiante que siente pánico ante los exámenes, por lo que aun sabiendo el material fracasan en el proceso de medición. Posiblemente el estudiante que fracasa un examen aprendió los contenidos y los puede aplicar en otro contexto y no le damos la oportunidad de demostrarlo.
Como educadores del sistema público nos vemos obligados a responder a un sistema en el que posiblemente no creemos, pero que nos exige presentar un número determinado de calificaciones. No olvidemos evaluar constantemente aunque estemos obligados a sólo presentar calificaciones. Mi consejo es que utilicemos todas las técnicas posibles para que el alumno aprenda de acuerdo a su estilo de aprendizaje o a sus inteligencias desarrolladas. Si utilizamos estos métodos posiblemente recordarán mejor los conceptos y se sentirán mucho más confiados al contestar los exámenes. Por lo menos a mí me funciona, inténtalo Tú.
María, ¿qué tal? Traes a colación un tema, a mi entender controversial y a la vez contradictorio. El sistema educativo en Puerto Rico y Estados Unidos dice tener un enfoque constructivista y la realidad es que continúan en el conductismo. Fíjate que los exámenes escritos tienen un peso del 70% de la nota por materia. Quizás un maestro en la escuela privada desea hacer la diferencia y calificar de una manera y la administración desea se haga de otra manera. De manera que de nada te sirve saber volar si de todas formas te van a cortar las alas.
De todas formas, debo decirte que cuando estudiaba la secundaria, mencionaban los exámenes y nos daba tal estrés que odiaba ese momento. Decía: si algún día llego a ser maestra no pienso dar exámenes, buscaré otra manera de darle nota a los estudiantes. El caso es que cuando comencé a trabajar como maestra, el grueso de la nota en los estudiantes debía ser por exámenes. En realidad es una manera cómoda de dar notas, pues no tienes que pasar tanto trabajo como cuando elaboras rúbricas para evaluar los trabajos.
La verdad es que la evaluación debería hacerla el mismo estudiante, este debe aprender a corregir y ayudarse a comprender en qué falló y cómo deberá corregirse, o sea autoevaluarse. El docente a mi manera de pensar, no tiene claro este proceso de calificar y evaluar. Confunden la medición con la evaluación y son dos cosas diferentes. Tenemos escuelas llenas de libros que no se utilizan, con temas pertinentes a otras culturas, y se pretende evaluar al estudiante a base de eso. Medimos cantidad y no calidad. De qué manera sirve el que un estudiante demuestre tener tremenda capacidad de memorizar, si a la hora de la verdad no es capaz de resolver problemas de la vida diaria. No confundamos, la medición es necesaria en cierta medida, pero la realidad es que un examen no mide la verdadera inteligencia.
El caso es que este tipo de estudiante no es competente y los vemos entonces aplicar en colegios técnicos, para carreras cortas, en la mayoría de los casos. ¿Me pregunto en qué momento el sistema educativo de Puerto Rico, se dará cuenta del error que está cometiendo? Invirtiendo millones en la educación, cuando los estudiantes prefieren carreras cortas, ya que no ven futuro en una carrera larga y al final no haya ofertas de empleo.
Cuando la evaluación y el aprendizaje se dan simultáneamente, quien es evaluado, produce, crea, discrimina, imagina, analiza, duda, contrasta, se equivoca y rectifica, elabora respuestas, formula preguntas, surgen las dudas, pide ayuda, buscan otras fuentes, evalúa. Es decir pone en función el conocimiento y su capacidad de argumentar (busca sus criterios). O sea las finalidades y objetivos de la evaluación adquieren otro sentido y deben llevar otras formas de acción. En cuanto a la participación, todos los actores involucrados en el aprender y enseñar deben tener participación en la evaluación. Si las nuevas tendencias educativas propician que el aprendizaje será mejor cuando se tiene la oportunidad de trabajar colaborativamente, también tiene gran valor la evaluación que realizan los grupos, tanto entre los mismos alumnos como de docentes. Así, proponemos que en el proceso de aprender y en la constatación de resultados, debe propiciarse la auto evaluación y la coevaluación o evaluación entre pares. La evaluación entre pares, es utilizada preferentemente en ambientes empresarios, en programas conjuntos de gobierno y en evaluaciones de capacidades de investigadores. También la Universidad lo utiliza para evaluar la gestión académica de sus docentes o para concursos. Estas evaluaciones entre pares parten de la premisa que los evaluadores tienen cierto grado de preparación superior que valida su intervención. “La coevaluación o evaluación entre pares, o evaluación junto a otros, tiene relevancia en muchos aspectos, pero tal vez, el más importante es la relación que tiene con la transversalidad. Realizando juntos la revisión de su que hacer los evaluados.’evaluadores’ se tornan más amigos, los docentes se ven como grupos que comparten satisfacciones y sinsabores. Una evaluación así concebida, ayudará a que se imponga una cultura de la evaluación en pos del progreso, una evaluación que nos capacite para aprender a ver los logros y, de este modo, ir poco a poco abandonando la idea tan arraigada de colocar los ojos sólo en las carencias” 1
El aprendizaje se da, al comparar las soluciones prácticas personales con las de los colegas alumnos, de esta manera, se tienen más vistas de soluciones que si el docente las hubiese evaluado, y que contarían solamente con la opinión del profesor.
En ocasiones nos resultan controversiales las evaluaciones. Nos quejamos de las pruebas, pero no podemos autoevaluarnos si efectivamente usamos las expectativas y estándares de nuestra materia como guía. Nos quejamos que nos vayan a evaluar pero en ocasiones es la única forma, de saber si realmente estoy trabajando bien, ya sea evaluándome yo o que alguien me evalúe. El desarrollo económico y social de Puerto Rico depende grandemente de la calidad y efectividad de nuestro sistema educativo. La educación se convierte así en uno de los servicios más importantes de nuestro gobierno. Es muy importante mejorar sustancialmente el sistema de educación pública tanto en sus aspectos operacionales como académicos. Ello implica lograr que provea excelencia académica mientras contribuye a generar, al propio tiempo, una cultura de paz.
El Departamento de Educación (DE) requerirá mucho más que buenas ideas; será imprescindible un salto cualitativo en la manera en que el gobierno y la sociedad puertorriqueña se enfocan en la educación pública de las próximas generaciones. En el DE se debe llevar a cabo el proyecto de integración y renovación social, de democratización y de desarrollo económico más importante de la Isla. En términos generales, el DE está bien encaminado a superar la crisis planteada por el mal manejo y la corrupción en el uso de fondos asignados a la educación de los niños y jóvenes. Ahora está en condiciones de ir más allá para plantearse una agenda de transformación educativa más abarcadora, continuar la reducción de la alta tasa de deserción escolar y de los incidentes violentos en las escuelas como metas prioritarias a corto plazo.
Este reto educativo incluye superar las metas impuestas por la legislación Federal “No Child Left Behind (NCLB)” que impone criterios estrictos de desempeño académico a las escuelas que componen el sistema educativo. Bajo los términos de NCLB todas las escuelas deben haber logrado que el 100% de los estudiantes sean exitosos en lectura y matemáticas para el año 2014. NCLB requiere también que cada escuela desarrolle y publique los resultados de su desempeño académico. Además, es obligatorio que el sistema educativo de Puerto Rico tome acciones pertinentes para mejorar el desempeño de las escuelas con rezago. NCLB estimula y requiere un fuerte componente de participación de los padres y madres en la escuela y obliga al sistema educativo a facilitar dicha participación.
Otro de los objetivos principales del programa NCLB es preparar, adiestrar y reclutar maestros altamente cualificados, lo cual requiere: (1) tener como mínimo un grado de bachillerato, (2) tener certificación y/o licencia, (3) conocimiento demostrado en el área que enseña. Uno de los factores más importantes para proveer una gran educación a los estudiantes es proveerles grandes maestros. Su calidad es el factor más importante en el aprovechamiento de los estudiantes. Puerto Rico tiene que transformar la cultura organizacional del sistema educativo para propiciar que todos nuestros maestros sean grandes maestros.
Si como les dije las evaluaciones son controversiales PUES REQUIEREN CAMBIOS, cambios que no desean hacer. La mayoría se quiere quedar en su posición cómoda. A los estudiantes tampoco les gustan pues al fallar en las pruebas se reta su intelecto y lo hace encontrarse con su realidad. Retémonos nosotros maestros a buscar la manera de demostrar que si podemos cumplir y echar hacia delante nuestros estudiantes. Busquemos esa calidad y efectividad de nuestro sistema educativo necesita.
Evaluación
En el campo de la educación la evaluación o la calificación juegan una importante pieza. Lo que pasa es que tiene otro concepto, es por la letra si es bueno es A si es malo es F.
Así todo tiene su sello. Los buenos son los de A y los flojos los de F. No es así, los estudiantes aprenden de manera distintas y si la prueba que se le dio no fue la más adecuada. No saco la mejor calificación y ya tiene F.
Hay casos que se gradúan con 4.00 puntos y cuando llegan a la universidad no pueden, se dan de baja y no tienen las calificaciones que deben tener según su notas anteriores. Otros lo hacen por obligación por los padres y no por gusto propio. Cuando terminan de estudiar le dicen hay esta tu diploma o bachillerato. Yo me voy a lo que me gusta. No le demos tanta importancia a las notas sino a la enseñanza y el aprendizaje de cada estudiante que pasa por tus manos.
guirmar
En el sistema de educación en Puerto Rico utilizamos la mayoría de las veces la calificación. Queremos calificar todo, pero que va a suceder con estos niños cuando se conviertan en adultos. Llevarán un cartel en la frente enseñando la misma.
Hay que cambiar o por lo menos revisar lo que es calificar y evaluar. Tenemos que ir preparando ciudadanos completos en todo el sentido de la palabra no solo robots o máquinas donde almacenan unos conocimientos. Si no seres que estén capacitados en la toma de decisiones que sepan diferenciar lo bueno de lo malo. Saber cuando debo hacer ciertas cosas y cuando debo esperar. Aprender que hay tiempo para todo lo que hay es saber cuando debo y como debo usarlo. Cuando hay un verdadero aprendizaje, el estudiante tiene unas actitudes positivas, está dispuesto y con ganas de aprender porque le interesa lo que aprende. Sin embargo si el aprendizaje es negativo así mismo serán sus actitudes y comenzarán a dar problemas y a tener situaciones en la escuela.
Tenemos que ir cambiando y dando el valor y la definición correcta a los términos. Es tiempo de que se enfaticen los valores y las actitudes de los estudiantes en nuestras escuelas para que haya una verdadera enseñanza y se fortalezca la sociedad puertorriqueña. No podemos seguir poniendo etiquetas a nuestros niños; lo que hay que preparar con mucho cuidado es el interior de ellos. De nosotros depende el futuro de nuestra isla. Pero esto no lo tienen que cambiar solo los maestros, sino debe ser desde el nivel central para que todos sean medidos con la misma vara, pero luego de haber dado la oportunidad a cada uno de ellos de participar en proceso de enseñanza aprendizaje justo y con las herramientas necesarias para salir adelante. Que se enfaticen las diferencias individuales.
Se debe evaluar no calificar para que el estudiante vaya conociéndose, saber en que falló y que tenga la oportunidad de reforzar lo que no entiende y volverse a probar. Hoy día se le asigna una nota y si en el proceso aclara lo que no entendía ya se le pasó aquella nota donde no domina el material y le quita interés. Hay que hacer los cambios pronto.
Hola: María
EVALUACIÓN O CALIFICACIÓN
Este es un tema muy familiar con los maestros presentes. Hace algunos días una cadena de radio de noticias expuso el caso de una escuela en el centro de la Isla, donde esta escuela con matricula de 300 alumnos 100 no pudieron ser promovidos.
El confundir el proceso de evaluar y de colocar la calificación en su lugar reduce el aprendizaje a una simple cuantificación o nota.
Es muy importante diferenciar entre estos términos relacionados pero no iguales. La evaluación se nutre de la calificación, pero va más allá porque ella emitirá un juicio basado en datos cuantitativos y cualitativos.
Es necesario resaltar que el verdadero aprendizaje debe proporcionar cambios de conducta en los seres humanos. Una persona que tenga educación debe accionar en lugar de reaccionar.
Tristemente tenemos que reconocer que los maestros del Departamento de Educación reaccionan a los pedidos o eminencias del Gobierno Federal en lugar de accionar.
Si nuestro Departamento accionara, fijaría una conducta esperada para todo ciudadano de nuestro Puerto Rico y luego organizaría todos los procesos necesarios para producirlos tomando en consideración todas las áreas que componen al individuo. Reaccionar es más fácil que accionar, porque el accionar conlleva una reflexión de lo que se quiere y como se puede lograr, e ir transformando el como para lograr lo que se quiere.
Es imperativo que los padres y maestros no se basen únicamente en cuanto obtuvo en el examen porque esto recibe su recompensa solo el día del examen y después ¿qué pasara con lo aprendido? Si algo se aprende no se olvida, pero si se olvido fue que no se aprendió.
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