jueves, 26 de abril de 2007

Los insultos, el pan nuestro de cada día

Los insultos, el pan nuestro de cada día

El insulto sin lugar a dudas es en la actualidad un modo muy común, vulgar y lamentable de comunicarnos. A diario vemos y sentimos cómo el ser humano ha cambiado su forma de expresarse, ahora lo más práctico es insultar a aquel que tenemos próximo y en lugar de acercarnos nos alejamos más, convirtiéndonos en seres egoístas, incapaces de vivir en hermandad y en solidaridad. Sin buena comunicación no hay encuentros afectivos y sin encuentros afectivos no hay humanidad.
El ser humano no puede vivir sólo. Somos seres sociales y necesitamos vivir unos con otros, pero ¿podemos seguir comunicándonos con insultos? Pienso que no. Una de las cosas que tiene a nuestra sociedad enferma es la falta de tolerancia; ya nadie puede esperar su turno con paciencia, darle paso a otro en la carretera, actuar con amabilidad; por el contrario hay que insultar y ser desagradable porque todo el mundo lo hace.
Por otro lado me pregunto si será sensato o razonable insultar. El insultar nos priva de nuestro buen juicio y nos hace seres imprudentes a los cuales todo el mundo mira con malos ojos. El insulto nos lleva a la ira, al coraje y nos hace seres incapaces de razonar y de obrar bien.
Un sabio principio de la navegación dice: “no importa cómo soplan los vientos, sino cómo se ubiquen las velas.” Lo más importante ante el insulto no es el agravio recibido, sino cómo se responde ante él. No hay ofensa hasta que el que recibe el insulto no lo valore como tal. Por ende, el insulto no ofende ni irrita, es uno el que se ofende ante el agravio. No hay palabras hirientes. Hay personas que se sienten heridas ante esas palabras.
Cuenta una leyenda que un par de jóvenes hicieron una apuesta para ver quién era capaz de decirle a la reina que era coja. La apuesta fue ganada por uno que se presentó ante la reina y portando dos flores, le dijo: “Su majestad en mis manos traigo una rosa blanca y una rosa roja. Entre ellas, usted es-coja.” Importa más la valoración de la persona insultada que la del insultante.
Toda persona que insulta lo hace porque se ha sentido herida, maltratada, despreciada o injuriada. El insulto es una forma errada de intentar poner las cosas en su lugar. Un intento fallido de hacer justicia, un intento de venganza o simplemente una falta de cordura y si a ello se responde de la misma manera; como diría mi querido esposo: “un ciego no puede guiar a otro ciego.” No nos dejemos gobernar por la ira, ante el insulto:
- actúa con sensatez y serenidad
- ignora
- no te dejes dominar por los impulsos
- sé prudente
- haz de lo malo, algo bueno
- mira al insultante con ojos de caridad y piedad
- toma distancia
- la violencia solo engendra violencia
- detente
- tómalo con sentido del humor
- haz lo que el insultante no espera que hagas
- que brote en ti, la templanza
- practica la humildad
Finalmente un viejo proverbio chino del cual desconozco el autor nos dice:

Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la vista.
Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría.
Cuando el espíritu no está bloqueado, el resultado es el amor.

Tratemos de echar a un lado los insultos y practiquemos la justicia y el amor al prójimo. ¡Se puede!

10 comentarios:

Andrés Rodríguez dijo...

Saludos María:
Tu tema sobre los insultos hacia las demás personas es uno muy consistente en estos tiempos que estamos viviendo. Esto demuestra la falta de valores que existe en los seres humanos y lo poco tolerante que somos hacia algunas situaciones que se presentan. Como tú dices, tratamos de resolver la mayoría de los problemas con un tono de voz alto y con palabras inapropiadas. Muchas veces no se actúa como seres civilizados ni se utiliza una comunicación efectiva para tratar de resolver alguna situación. Ante estas situaciones discordantes que se presentan se debe actuar con calma y recordar que somos hermanos en Cristo. Además, se debe ser tolerante para evitar que la situación se complique más. El propósito de la tolerancia es la coexistencia pacífica. Cuando la tolerancia reconoce la individualidad y la diversidad, se eliminan las máscaras que crean desacuerdos y diluye la tensión creada por la ignorancia. La tolerancia ofrece la oportunidad de descubrir y eliminar estereotipos y estigmas asociados con personas a las que se las ve diferentes debido a su nacionalidad, a su religión o a su patrimonio cultural. Así como el jardinero reconoce las características de cada variedad de semilla y prepara el suelo de forma adecuada para cada una, una persona tolerante respeta la singularidad de cada persona. Una persona tolerante atrae a otra diferente mediante el entendimiento y una mentalidad abierta; y aceptándola y acomodándola de manera genuina, muestra su tolerancia de una forma práctica. En consecuencia, las relaciones florecen. La tolerancia es una fortaleza interna que le permite a la persona afrontar dificultades y disipar malentendidos. El método para hacer esto es primero usar el discernimiento al tomar decisiones. Al ahondar en la conciencia, puede determinar qué está bien o mal, qué proporcionará beneficio o pérdida y qué traerá logros a corto o a largo plazo. Las decisiones perspicaces tienen éxito. El poder de tomar decisiones elimina trastornos mentales e intelectuales, así como entre las emociones y la razón. No hay conflictos ni con uno mismo ni con los demás, ya que la tolerancia cultiva la habilidad de calmar los sentimientos fuertes y encendidos de las personas. Aunque se reciban insultos no habrá la menor muestra visible de amilanamiento en el rostro. El conocimiento y la perspicacia automáticamente levantan el escudo protector de la tolerancia, de manera que el individuo permanece íntegro y contento y además, no se siente amenazado ni por la gente ni por las circunstancias. Una persona tolerante es como un árbol cargado de frutas. Incluso cuando se le arremete con palos y piedras, ofrece sus frutas en retorno.

Doris Vilma Rodríguez dijo...

Lo más importante ante el insulto no es el agravio recibido, sino cómo se responde ante él (Porto, 2007). La oración anterior la escribiste en el ensayo y para mi entender resume el mensaje que quisiste llevar. La mayoría de los seres humanos respondemos a un insulto con otro peor. En el momento no pensamos y reaccionamos impulsivamente. Muchas veces viene el arrepentimiento y no encontramos donde meternos. Si aprendiéramos las enseñanzas de Dios no pasaríamos por situaciones que luego lamentaríamos.

Indicas que las personas que lanzan un insulto son debido a que han sido lastimadas, pero no estoy muy de acuerdo contigo. De igual manera que muchas personas ofenden verbalmente a otras que le han ofendido primero, siempre uno de los dos comenzó, por lo que muchas veces sin razón algunas se ofende al compañero. En muchas ocasiones el insulto proviene de una persona que sin razón quiere hacerles daño a los demás, quiere molestar. En otras ocasiones insultamos a los demás sin intención. A lo que me refiero es a que hablamos sin pensar y la otra persona lo percibe como un insulto. Lo importante es analizar lo que se nos dice, la forma en como lo dicen para llegar a conclusiones. Posiblemente la persona nos ofendió si querer y nosotros reaccionamos de forma adversa. Si por el contrario nos percatamos que nos están ofendiendo con intención, debemos proceder con el diálogo. El diálogo es el mejor aliado ante cada conflicto. Si las personas lo utilizan no habría tanta violencia en el país.

La realidad que vivimos es que muchas personas tienen una competencia por la superioridad y piensan que el que ofende a más personas es el “cheche” de la película. Esto sucede gracias a la falta de valores que tiene nuestra sociedad y la falta de conocimientos sobre las enseñanzas de Jesús. Otras personas sí conocen las enseñanzas, pero hacen caso omiso de ellas. Nuestra sociedad esta enferma, necesitamos rescatarla y crearles conciencia de que no le hagan a su prójimo, lo que no les gustaría que le hicieran. Podemos contribuir llevado el mensaje con el que comienzo el escrito y el cual escribiste.

Naty dijo...

Maria:
El insulto es la asignación por parte del hablante de una calificación negativa al oyente. Una lingüística del insulto debería considerar qué sentidos son los más susceptibles de constituirlo: diagnósticos psiquiátricos, atribución de determinados comportamientos sexuales o sociales que al emisor no le gustan . El sentido negativo se puede enunciar directamente, o a través de expresiones que lo implican de forma simple , o a veces francamente retorcida . En todos estos casos, el sentido se atribuye en la mayoría de los casos no sólo aunque sea falsa su aplicación sino porque es falsa. Un insulto es una manera fea de expresarse hacia otra persona.

yolanda dijo...

¡Hola, María!
El insulto está definido por el Diccionario académico como ofender a una persona, ya sea provocándolo o irritándolo con palabreas o acciones. A través de la historia de la humanidad han existido los insultos. Los hay poéticos, políticos, culturales, entre otros. Son muy utilizados por los jóvenes y más hoy día que la pérdida de los valores éticos y morales son la orden del día. Expresiones para herir al oyente como: ¡oye tú mentecato”, del latín mente captus,”falto de mente”.Es prácticamente su manera de hablar.¡Vete a la mierda! Y te contesta el otro: “estando a tu lado estoy en ella”, o “me cago en tu padre” y el otro contesta: “y yo en el tuyo”.

El propósito del insulto es herir al oyente, no hay que buscar más. El puertorriqueño, se dice es de sangre caliente, procura no quedarse cayado ante un insulto. Hay personas que tienen arte para este asunto, hay quienes dominan el idioma y te insultan sin que te des cuenta. El insultado que se da cuenta rápido de los improperios reacciona de inmediato, el que es un poco lento para cogerlo, va a depender si tiene el coraje suficiente para contestarle o de lo contrario baja la cabeza y ofrece la otra mejilla.Va a depender de si ese día estás de buena y se la dejas pasar.

También como dicen por ahí el mono sabe el palo que trepa, contestas el insulto dependiendo de quien venga, ya que los hay por ahí tan y tan agresivos que si les contestas te limpian la caharra.Caso como este, tienes el del infortunado joven universitario del Colegio en Mayagüez, Belford Ramírez,por defender el honor de una amiga, que estaba siendo molestada por un desconocido, le habla al otro y este se levanta y le corta la yugular. Me imagino que Belford le habrá dicho algo al hombre para sacarlo de sus casillas. Aunque esto de ninguna manera se justifica.

También existen comportamientos que constituyen un insulto, incluyendo los intercambios utilizados durante el mismo. Hoy día en la Red existen lugares que realizan concursos de insultos, me imagino que medirán agudeza mental y atrevimiento. La agresión verbal como muy bien dices es la orden del día en varias esferas de la sociedad.

Guirmar dijo...

Tienes toda la razón. Los insultos es algo muy común hoy en día. Los seres humanos en muchas ocasiones en vez de hablar lo primero que hacen es insultar y no hablan como debe ser. En la vida en muchos casos, toda la comunicación son insultos. Ya los insultos es una manera de comunicarse. Es tan común que lo vemos en muchas ocasiones.

Los seres humanos tenemos que empezar a controlar nuestro coraje. Para poder hablar y comunicarnos de manera diferente y adecuada. En muchos casos las personas de cualquier cosa se hieren por cualquier cosa que le pueden decir. Como dices en tu ensayo son las mismas personas que hacen de las palabras un insulto. A veces por tonterias se ofenden, pierden el control y empiezan los insultos sin control. Consecuencia a eso puede a ver muchos problemas y hasta en algunos casos ese insulto puede llegar a la muerte.


Guirmar

Félix Morales dijo...

Se denomina insulto a cualquier palabra que sea utilizada por el emisor con la intención de lastimar u ofender a otro individuo o que es considerada por el receptor como tal. Qué constituye o no un insulto es difícil de determinar con precisión, ya que se haya sujeto a convencionalismos sociales y culturales. Antropológicamente qué constituye o no un insulto sólo puede ser definido en el nivel émico de las ciencias sociales. Generalmente el insulto es una práctica social desaprobada y rechazada. Con frecuencia el insulto se refiere a las preferencias sexuales, a los progenitores o a las capacidades mentales de la persona a quien se dirige el insulto. Aun asi, hay personas dementes que adoran ser insultadas, y odian los cumplidos. Entre las más de cinco mil expresiones reunidas en este diccionario predominan los dictámenes psiquiátricos (de tonto en adelante), las referencias a las costumbres sexuales (maricón, o puta) y la larga estirpe de alusiones a los progenitores (de hijo de puta para arriba). Aparte del indudable interés de la recopilación, la obra presenta zonas problemáticas. Una de ellas es que no acaba de diferenciar entre insultos propiamente dichos, y descripciones derogatorias o palabras que se refieren a comportamientos delictivos o reprobables. Por ejemplo: ¿qué pintan en un inventario de insultos palabras como jorobado, alopécico, mandamás o secesionista...? ¿O por qué figura "jamonero: perista, comprador de objetos robados (Cuba)"? La cita que ilustra esta última palabra es la siguiente "Un hermano estaba preso por fachista y otro por jamonero", en la que no hay insulto precisamente. En terreno más ambiguo está el amplísimo conjunto de enunciados que en ciertas condiciones pueden constituir un insulto. Por ejemplo, marxista: "sólo es insulto para aquel que no lo es, como todos los insultos ideológicos". El tema (de mucho interés) sólo se apunta en esta entrada, y no está desarrollado.

Maggie dijo...

Esto de los insultos me recuerda como al comienzo de una relación de pareja todo es alegría, diversión, pasión, ilusión. Vemos a la otra persona como un ser maravilloso carente de defectos. Pero, con el paso del tiempo esos sentimientos se reducen y surgen momentos de aburrimiento, rutina, desencanto, incomprensiones, discusiones. Son situaciones que forman parte de la vida en común y a los que no hay que temer cuando se trata de una relación sólida.
Es natural que tarde o temprano aparezcan enfrentamientos y malos momentos. Por lo general, le ocurre a personas que poseen formas de ser diferentes y, por muy enamorados que estén, es normal que surjan diferencias entre ellos. Lo fundamental, es que aunque existan diferencias y malos momentos, nunca lleguen a perderse el respeto y lleguen a los insultos.
Hemos de tener en cuenta que las personas evolucionan y cambian con el tiempo. Lo que en un principio nos parecía maravilloso, ahora ya no lo es tanto y aquello que tanto nos gustaba de nuestra pareja, puede que ahora sea la causa de conflictos. En definitiva, para poder tener un mayor conocimiento de nuestro cónyuge y de nuestra relación, hemos de tener una comunicación continua y eficaz.
Las parejas deben hacer una distinción entre su vida personal, la del otro y la vida que tienen en común. Al formar una relación, no debemos renunciar a uno como ser individual que somos y dedicarnos exclusivamente a la otra persona. Eso, sería un gran error que no sólo nos afectaría a nosotros mismos, sino también a nuestra relación de pareja.

Ese respeto a nuestra pareja es aceptar las diferencias personales en cuanto a gustos, ideas, costumbres y formas de entender la vida. Es aceptarla tal y como es, sin intentar cambiar ninguna característica de su personalidad, asumiendo tanto sus cualidades como carencias o defectos. Es mostrar interés por su vida, preocupándonos e interesándonos por su trabajo, familia, proyectos o estado de ánimo.
El respeto también consiste en tratar a nuestra pareja con educación. Debemos dejar que hable sin interrumpirla, y escuchar y mostrar interés por todo lo que dice, transmitiéndole nuestra opinión o discrepando con ella cuando haya terminado de hablar. Es importante dejar que se exprese sin interrupciones.
Las buenas formas son señal de buena educación y respeto lo que nuestra sociedad necesita. No debemos caer nunca en los insultos, ni ridiculizar a nuestro cónyuge ni menospreciarlo y mucho menos delante de la gente. Debemos cuidar que el trato que tengamos con nuestra pareja, en ningún momento resulte ofensivo evitando, entre otras cosas, los gritos, insultos o malos gestos.
En ocaciones vemos a nuestros estudiantes insultandose y los juzgamos, pero quien quita que fueron aprendidos en su hogar al ver y vivir en esos insultos.
Una forma de mostrar respeto a nuestra relación de pareja es cuidándola y esforzándonos para que funcione. Para ello, es fundamental tener una buena comunicación, que nos ayudará a expresar nuestros sentimientos, llegar a un mayor conocimiento de nuestra pareja y del funcionamiento de la relación. Si nuesra relacion es asi se reflejara en nuestros hijos y en nuestra sociedad.
Para mantener una buena relación, es esencial que la vida particular de cada uno, sea aceptada y respetada por el otro.
La infidelidad, es una traición y una falta de respeto a un compromiso hecho por la pareja, un compromiso de lealtad sentimental, donde uno se ha comprometido a amar exclusivamente a su cónyuge. Cuando no nos respetamos y nos insultamos todo se acaba.

Wilma Jimenez dijo...

Tienes mucha razón en afirmar que los insultos parecen ser la orden del día. En este mundo moderno, dónde todo se vive con tanta rapidez, es muy poco el tiempo que tenemos para reflexionar sobre la vida y sobre las relaciones humanas. Lamentablemente, los avance tecnológicos y los cambios que ha traído consigo la era de la información, el nivel de tolerancia ante el error es muy poco o ninguno. Esto es así por que los avances científicos, han llevado las cosas a un nivel de perfección tal, que esperamos lo mismo de los seres humanos. Caer en lo vulgar o chabacano, como señalas es algo muy común en esa sociedad. Pero, somos los “hijos del Chavo”, y aprendimos a insultar de forma tan natural como la que vimos desde niños en la televisión.

Si observas la televisión, diariamente están expuestos toda clase de insultos. Desde un noticiero hasta un programa de comedia, los insultos son usados no solo para ofender, sino que también para hacer reír. Insultar parece estar en la naturaleza del ser humano, pero es también la razón una de las virtudes que Dios nos otorgó. Así que, por tal razón usemos la razón para tener autocontrol. Aunque debo admitir que existen ocasiones en que el insulto es bien merecido. En estas ocasiones el insulto te libera de sufrir un neurisma o un infarto.

Somos seres humanos. Perfecto es solo Dios. Tampoco debemos pretender pasar la vida sin insultar a alguien. Debes tener un sistema de defensa ante el ataque de los demás. No es lo mismo, pasarte la vida insultando, que pasar la vida sin insultar a alguien aunque sea un poquito. Controlar la ira no es misión fácil. No es imposible, pero la ira y el estrés son necesarios para vivir a plenitud. A veces la ira te motiva y empuja a superarte y eso es muy importante.

Que nos pasa Puerto Rico. Eso es una campaña muy buena que busca mejorar la calidad de vida en el país. Si bien es necesario el coraje para motivarnos a triunfar, también es importante crea una cultura de paz, que glorifique a este país como lo que es, la Isla del Encanto.

gloria_sentimientos dijo...

Comunicación moderna en Puerto Rico; el insultar a mi vecino, mi compañero, mi familia. Nos dirigimos a ellos con esa falta de respeto, sin sentimientos con soberbia. Creemos que no sienten ni padecen. Faltos de humanidad, desconsiderados. En muchas ocasiones en vez de dirigirnos con amabilidad hacia ellos a reclamar o pedir algo lo hacemos de una forma cruel.
Sin embargo es importante que aprendamos a respetarnos unos a otros porque los seres humanos están hechos para vivir en grupo. Hay que compartir, hay que comunicarnos regularmente. Pero debe existir una sana convivencia porque dicen que “más vale solo que mal acompañado”, pero en el momento de la verdad es horrible estar solo.todas las partes que nos dirigimos, en la carretera cuantos conductores insultan al otro sin compasión. Cuantas muertes y heridos no han surgido por esta situación. En el hogar ni se diga nos dirigimos a la familia sin una pizca de bondad y amor. Porque cuando nos dirigimos a otra persona le estamos demostrando con nuestra actitud y palabras lo mucho que le considero, la admiro y la respeto. En muchas ocasiones uno dice: “olvídate las cosas se cogen de quien vengan”. Pero hay veces que es tanto los insultos que se reciben que se colma la paciencia y es ahí donde surgen las situaciones. Nadie tiene que estar recibiendo malos tratos e insultos de los demás. Cada uno de nosotros nos merecemos respeto. “No hagas a nadie lo que no te gusta que te hagan”. Muchas veces muchas personas quieren ser muy sinceras y resultan crueles. Cuando abrimos la boca no debemos meter la pata. Es importante y necesario que pensemos antes de hablar. Si es un momento de ira o coraje

contemos, caminemos y luego abra la boca. Hay palabras que duelen más que una carga de palos. Palabras que cuando nos las dicen nos dan una puñalada en el corazón. Vamos a abrir la boca para decir cosas agradables o para salvar el mundo en que vivimos, sino a mantenerla cerrada. Silencio.Hay que llevar una buena relacion con las personas que nos rodean.Cuidate.

Carmenjoan.blogspot.com dijo...

Hola: María
LOS INSULTOS, EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA
La falta de insensibilidad por los demás demuestra que no hay comprensión hacia el prójimo. Hay que tener paciencia para llegar a los diversos acuerdos aún cuando se tiene una manera de pensar diferente a las demás personas. Es absurdo seguir tratando mal al prójimo cuando sería ideal que se fomentara la paz.

El tener estrés o estar sobrecargado de emociones puede ser un factor que infunda el rechazo, el mal genio y la falta de tolerancia hacia la gente y situaciones que se viven día a día. Es de vital importancia que haya un cambio significativo en el comportamiento del ser humano; porque de lo contrario no reinara la paz, sino la angustia y los malos ratos. Una clave para mejorar y dejar los insultos es poniéndote en el lugar del otro y tratar a los demás como esperas que te traten.

El ser amable con las personas que nos rodean e implantar el servicio comunitario, respeto y valorización seria una buena solución a los problemas del diario vivir.
Hacer uso del buen juicio ayudaría a mejorar el razonamiento sobre nuestro comportamiento; de modo que se entienda que se debe obrar bien. El insultar a otros demuestra cierto complejo, inferioridad o descarga por algún suceso. Ante un problema basado en insultos absurdos o innecesarios es mejor ignorar por completo a la persona que quiere formar el pleito de modo que no se fomente el agravar el evento. Para pelear o discutir se necesitan dos personas por lo tanto hay que saber discernir entre continuar el pleito o hacer caso omiso para que el temperamento baje y se puede tornar en un dialogo. La mejor comunicación debe ser bajo completa calma y con serenidad de lo contrario se puede llegar a una conversación donde se insulten y se dirijan con palabras no deseadas e hirientes.

Cuando se ofende a un ser querido es casi irremediable hacer sentir bien a la otra persona. Cuando se llega a un acuerdo y surge un perdón está perfecto, pero siempre se queda un mal sabor. Es mejor pensar antes de hablar de forma tal que si tratamos bien a todas las personas no hay que pedirles perdón sino que hay una mejor química donde se desarrolla la comprensión y el deleite del buen afecto hacia el prójimo.